martes, 19 de marzo de 2013

LES DIJERON QUE HABIA MUERTO,

 habían salido a comer y descansar por ahí cerca.

Habían tenido una noche difícil, más bien, varias noches sin dormir. Joaquín, el padre de la bebé, ya hasta había perdido el trabajo: y es que en Estados Unidos no te perdonan las ausencias -ni aunque se te este muriendo un hijo- . ¡Hasta ese punto ha llegado el materialismo!

Regresaron al hospital desesperados por la noticia, a ver a su bebe que ya tenía meses internada con una enfermedad respiratoria... Era aparentemente cambio de turno. Además, habían sentido una frialdad muy "especial" de parte de personal del hospital.

Después de todo, son inmigrantes que tal vez no les alcance el dinero para pagar la cuenta. Sin embargo, aunque los recibieron por contactos de una organización sin fines de lucro...de cualquier manera, al entrar por esa puerta, nadie los miró con compasión, nadie derramaría una lágrima por ellos. Al entrar a la habitación vieron que salían dos enfermeras, y una de ellas le hizo seña con la mano de que ahorita regresaban. Parecía que buscaban a alguien, un administrador del piso de hospital o algo así.

Los ojos angustiados de los desesperados padres se posaron en el cuerpo de la bebé. Las enfermeras, le habían quitado ya unos tubitos, pero de la desesperación no sabían que hacer: si tomarla en los brazos y llorar, o quedarse ahí parados y gritar de dolor.

Solo ellos tres: papá, mamá y la bebé… Su Abigail, su pequeña, parecía inerte; el color de su piel había cambiado y tenía sus ojitos cerrados.No obstante, en un abrir y cerrar de ojos, y sin saber de donde salió, vieron que un "enfermero vestido de azul" de estatura mediana y tez morena, entró al cuarto donde estaba la bebé y cerró la puerta. Dice Armida, la mamá, que el corazón le brinco con una emoción desconocida. Sin embargo, no era susto, ni sorpresa; no sabe como describirlo. En cambio, Joaquín, su esposo, es un hombre de pocas palabras. El dice que no sintió nada. Dice que no escucho hablar al enfermero, aunque si lo vio entrar, tocar a la bebé y salir de prisa. Dice que no le pudo ver la cara. Armida le iba a preguntar al enfermero, que había pasado con su bebé: << ¿se le había parado el corazón?>>, << ¿no resistieron sus pulmones?>>, << ¿ya estaría demasiado débil?>>. Pero el enfermero le hizo una seña de que callara, y así sin saludar ni decir otra cosa, toco la sabanita de la niña, y habló en un español con acento extraño estas maravillosas palabras: ― TU PADRE TE REGRESA A TU BEBÉ PARA QUE SE LA CUIDES, ÉL ES EL DADOR DE LA VIDA. << ¿Mi padre?>> -pensó Armida. - yo no tengo padre - el hombre que me engendró nos abandonó siendo pequeños por otra mujer y mi madre se tiró al vicio. Yo jure que nunca tendría hijos para que no les pasara lo mismo, pero al salir embarazada de Abigail, pues ya uno como madre siente en el vientre la vida de sus hijos y ni modo que unos los mate... ARMIDA DICE QUE ESTE PENSAMIENTO CRUZO POR SU mente en cuestión de una milésima de segundo. ¡Qué complicada, increíble y difícil de entender es la mente humana! La palabra PADRE evocó un millón de sentimientos: rencor, más que nada... pero, también en una milésima de segundo pensó: << ¿se referirá a DIOS?>>.

Luego, Armida nos cuenta: ― de chiquita yo lo odiaba a Dios: iba a misa, a la doctrina, porque me daban de comer. No obstante, de adolescente nunca regrese a una iglesia. Pero, cuando nació Abigail y presentó graves problemas de salud, los cuales se complicaron por esta enfermedad respiratoria, yo fui a la capillita que usan todas las iglesias o gentes que quieren orar o rezar aquí adentro del hospital. Me arrodille y le pedí a DIOS que me la curara. No sabía que más decir, ni como pedir…

Después de este acontecimiento, vinieron personas que nos decían que tuviéramos fe, que Dios podía sanar a la niña. Una de ellas, una ancianita gringa, que hablaba español, me trajo comida y me pidió que le abriera mi corazón a Jesús. No estoy segura si lo hice o no, lo que si recuerdo es que después de la oración, me sentí livianita y la ancianita me dijo que ahora yo era una hija de DIOS, y que Él ahora era mi Padre; que Jesús, estaría a mi lado, y que Él haría un milagro en la niña. También, una empleada del hospital, mexicana que hacia la limpieza, me daba unas hojas de papel con unas fotos de bebés y con unas palabras muy bonitas que ella decía: ― "bajaba" del internet, de ese internet de ustedes del -Facebook ese-..

El enfermero sale rápidamente del cuarto y en eso, entra un doctor (que parece que no vio al enfermero que salía) y con voz fría y actitud de metal; como si se lo supiera de memoria, mira unos papeles diciendo: ―"...lo siento mucho, no pudimos salvar a la pequeñ...". EN ESO, LA BEBÉ RESPIRA FUERTE (COMO SI SE ESTUVIERA AHOGANDO O SOLLOZANDO, Y EMPIEZA A LLORAR FUERTE, MUY FUERTE ... El Dr. avienta los papeles que traía en la mano corre a la cama-cuna, revisa unos tubitos desconectados, toca un botón a un lado de la cama y llama en inglés a alguien más.

Todo esto que les cuento sucedió en cuestión de dos o tres minutos, dice Armida: ― nosotros casi ni nos movimos del mismo lugar. Parecía un sueño, eL doctor se deja caer en un sillón del cuarto y mientras las enfermeras mueven a la niña, prenden un aparato y hacen otras cosas. El doctor decía en ingles: God, God, God...y algo más que no entendí...

El doctor se dirigió a nosotros y nos dijo en español:

― Yo revise a la niña hace unos minutos y la niña estaba muerta, ¡esto es increíble!

De reojo, me fije que una enfermera, afro-americana, estaba sollozando....

ESTO SUCEDIO HACE VARIOS MESES EN UNA PEQUEŇA CIUDAD DE LOS ESTADOS UNIDOS... DIOS AUN HACE MILAGROS...

Y DIOS HARÁ UN MILAGRO EN TU VIDA...TÚ LO VERAS...